Ella tenia una enorme sonrisa, sus
labios, perfectos. la perfilaban haciéndola aun si cabe mas bonita.
Y aquellas tachuelas metálicas pegadas a sus dientes, le daban un
aire adolescente que la hacia irresistible.
Solíamos quedar en el parque que había
tras su edificio y, allí pasábamos las tardes, ella, yo y el
silencio. Yo podía pasarme las horas muertas mirándola; sin decir
nada, pues ella tenia un algo misterioso que me volvía loco, a mi me
gustaba decir que era su alma, que me atrapaba.
La conocí un día de invierno en una
parada del bus, yo había olvidado mi chaqueta en casa de un amigo y
me estaba muriendo de frío apoyado sobre el poste de la marquesina,
tiritando. Mire a mi alrededor y vi una niña escondida en un enorme
abrigo y todo tipo de indumentaria propia para el día que hacia. Me
quede mirándola durante un buen rato, como haría rutinariamente
casi todos los días un tiempo después. Ella miraba los adoquines
que había tras la enorme pantalla de su smartphone, mientras parecía
escuchar música, se sintió observada y se volvió hacia su
acosador... ahí me mostró por primera vez su sonrisa.
- Hace frío verdad?
Asintió con la cabeza sin dejar de
sonreír. Ante mi sorpresa, aquella desconocida me abrió los brazos
invitándome a sentarme junto a ella y compartir el calor de su
abrigo.
- No tranquila, estoy bien.- conteste,
sintiéndome como el mayor de los estúpidos tras haber pronunciado
estas palabras, maldito miedo.
Entre tanto llego el autobús.
Ella subió delante y yo la seguí,
paso su tarjeta y se dirigió al fondo para tomar asiento. Me senté
tras ella. Allí comprobé que lo que en realidad hacia era leer, en
la ahora sí ridícula pantalla. Entre tanto yo hacia que escuchaba
musica, cuando realmente pensaba una forma de abordarla. Me puse pues
a ver hasta donde llegaba mi ingenio,
-Oye gracias por querer abrigarme
antes.- se ve que no muy lejos...
Pero la chica ni se inmuto, continuo
leyendo algo en lo que parecía inmersa. Así que para no molestarla
desistí y me puse a escuchar música. Se bajó dos paradas mas
adelante.
Durante el tiempo en que no la vi no
hacia mas que preguntarme como podría localizarla.
Más tarde comencé a hacer como
rutina la misma ruta del bus.
Tres meses mas tarde, la escena volvió
a repetirse pero esta vez hacia calor, pues el invierno hacia ya
tiempo, quedo atrás, y la primavera en mi ciudad suele ser cálida.
Allí estaba ella leyendo en su
smartphone, sentada en la misma posición. Junto a una señora mayor,
que nos acompañaría en el trayecto, y se bajaría mucho antes que
nosotros.
El bus llego, la chica al levantarse y
advertir mi presencia me dedico una sonrisa, al reconocerme como el
loco que viste igual en invierno que en verano.
Esta vez en lugar de sentarme tras ella
me senté a su lado, para mostrarle el discurso que simulaba una
conversación, que había inventado, ensayado y reformado, durante
todo este tiempo atrás. Le hice un gesto para preguntar si estaba
ocupado, y me indico que podía sentarme con un ligero balanceo de su
cabeza.
-Me llamo Javier.-dije mientras le
ofrecía mi mano.
Ella me mostró la espalda de su
teléfono móvil donde había un escrito ''Paula'' de letras rosas
con una tipografía ''ellegant'' como la de los procesadores
de texto.
Me dejó descolocado.
-eh... gracias por lo del otro
día.-Proseguí - lo del frío digo...
Ella volvió a sonreírme, asintiendo
con la cabeza y acto seguido se puso a teclear sobre su teléfono.
Di mi conversación por concluida y me levante para cambiarme de
asiento, aunque en realidad, lo que quería era saltar del autobús.
Algo me freno en seco.
Ella me cogió fuertemente por la
muñeca. Aún hoy me asombra su fuerza, pues tiene unas manos extremadamente pequeñas y su cuerpo se ve frágil como un carámbano helado.
Me aceleré.
Me volví hacia ella, que se escondía
tras la lúgubre pantalla.
La pantalla rezaba:
''hola! Soy Paula, encantada ^^''
Lo que tenia en la oreja, resulto no
ser un simple auricular.
Cipriano Duarte Alcalá.